Llegó como uno de los grandes retornos, un fichaje estelar que habría de marcar una época en el Cádiz, y terminaría saliendo por la puerta de atrás, manchado —como todos sus compañeros— por una de las peores temporadas que ha disputado el club en su historia.
Recibido, como decimos, en loor de multitudes, Suso es la imagen y la gran esperanza de la temporada. El club lo utiliza como reclamo y portada de todo lo que hace ese verano, y
su presentación es el gran acto de redención, tras una liga que había terminado con sabor regulero, muy lejos de las aspiraciones de volver a Primera.
Por descontado, es titular indiscutible para Garitano, que lo sitúa en la derecha a pierna cambiada. Su papel, por tanto, es encontrar espacio y regatear hacia dentro, ya sea para asistir o para disparar él mismo, como en la victoria en casa frente al Eibar.
Bien es verdad que le cuesta entrar en materia. Su tremenda calidad técnica le da para tapar los fallos de posicionamiento o la falta de físico que a veces asoma, y da gusto verlo retener y caracolear con el balón hasta encontrar una salida que solo él ve. En el otro lado de la balanza, salvo contadas excepciones (como en casa frente al Ceuta), es raro que llegue a terminar un partido completo.
En todos los encuentros lo vemos actuar con corrección, dejando detalles técnicos y sabiendo recibir entre líneas, pero tampoco termina de estar redondo. Lo mismo se le veía dando un pase de gol que solo él había visto que pasaba diez minutos sin apenas incidencia en el juego. No terminaba de romper como la estrella que es.
Tanto es así que llega incluso a fallar un penalti, como le ocurre en casa contra la Cultural Leonesa (ese día no estuvo bien nadie). Como si hubiera sido una premonición, poco después sufre una
rotura de fibras y ya no vuelve a jugar en lo que resta de 2025.
Después de ser titular en 14 de los 15 primeros partidos ligueros, el gaditano se topa con esa lesión en el sóleo y las semanas van pasando
sin que haya noticias de su reaparición. Por si fuera poco, desde su salida del once el Cádiz CF recupera su mejor versión, con un diciembre excelso y una alineación tipo bastante reconocible.
Por fin, después de tres meses en el dique seco, reaparece, pero lo hace en plena caída libre de sus compañeros al entrar en 2026, y el exsevillista es tragado también por ese agujero negro. Su vuelta se produce, precisamente, en el naufragio en casa contra la Real B.
A partir de ahí, en los últimos días de Garitano y luego con Sergio González, que también apuesta por él, al atacante se le da todo lo que puede pedir: titularidad y minutos. Pero su influencia en el juego es escasa, por ser amables, y su participación no aporta esa calidad diferencial que se le suponía. Resultado: el equipo continúa hundiéndose y lo arrastra a él también.
El ambiente está ya muy enrarecido y todo lo que se va sabiendo huele mal. También a él, como capitán, le toca pasar por ese trance. El episodio que deja más dudas es su enfrentamiento público con el director deportivo, Juan Cala: Suso se lo tomó como algo personal, dada precisamente su condición de capitán, y
reconoció que le habían molestado las palabras de este cuando dijo que al equipo le faltaban líderes. Pues eso, que cuando un año viene torcido...
Con Idiakez vive una suerte de mejoría que, sin ser nada espectacular, al menos permite ver una versión más reconocible del futbolista. Contra Las Palmas deja por fin los detalles que se esperan de él, con las asistencias a Antoñito y a Joaquín, aunque una semana después, en la visita a la Cultural, volvimos a echar en falta acciones de ese tipo.
Salvada la categoría y suspirando todos aliviados, no tardamos mucho en notar, ya en la pretemporada siguiente, que el hechizo de la llegada del exsevillista se había perdido por completo. Donde antes había cariño y admiración, ahora hay silencios incómodos. Hasta que empiezan a escucharse los primeros rumores: el club, embarcado en una renovación casi total de la plantilla, quiere traspasarlo o cederlo y le está buscando salida. Ante la dificultad de colocarlo en el mercado, la conversación vira hacia una posible
retirada del jugador, que pasaría a ocupar un puesto en el club para ir cobrando así lo que le resta de contrato. Como así terminaría ocurriendo.
De esta manera, el futbolista pondría fin no solo a su (breve) etapa como cadista, sino a toda una carrera que había pasado por clubes de tanto renombre como el Liverpool, el Genoa, el Milan o el Sevilla. Una lástima que, donde más queríamos que diera el do de pecho, se quedara en tan poco.