Portero que llegó de una forma algo rocambolesca al Cádiz, pero que tras varios años en la cantera, terminaría teniendo su oportunidad en el primer equipo, que aprovechó al máximo. Fue posiblemente el mejor futbolista de la campaña 25-26, y sus paradas contribuyeron a que el equipo no se hundiera más aún y terminara perdiendo la categoría. Pese a su rendimiento, el club decidió traspasarlo esa misma temporada por un precio irrisorio (250.000€), mucho menos de lo que se había hablado durante la liga a tenor de sus actuaciones.
Después de cuatro temporada batiéndose el cobre en el filial cadista, por fin se le da la alternativa en la campaña 2025-26, para la que en principio parte como segundo portero, por detrás del capitán David Gil. Pero el destino le tenía reservada otra meta.
Se le presentó la oportunidad ante la lesión de su compañero y, como novato en la categoría, empezó con dudas. En la jornada inaugural tuvo la fortuna de que el árbitro anulara un gol del Mirandés por una supuesta falta sobre él, lo que maquilló una salida bastante dubitativa. Lo enmendó a la semana siguiente en Leganés al evitar el tanto madrileño que habría finiquitado el partido, aunque tuviera que partirse literalmente la cara para conseguirlo. Tras seguir dejando sensaciones encontradas, vivió su primer gran día en casa contra el Eibar, salvando al equipo en varias ocasiones y despejando un balón definitivo en el último suspiro para mantener la ventaja.
A partir de ahí, su rendimiento se disparó. Frente al Málaga y al Ceuta volvió a dejar la portería a cero con intervenciones de mucho mérito. En este último choque contra el cuadro caballa, David Gil ya tenía el alta y figuraba en la convocatoria, pero Gaizka Garitano mantuvo su apuesta por Aznar. Lo que nació como una solución de emergencia terminó por consolidarse como la primera opción: esas tres imbatibilidades consecutivas
liquidaron de un plumazo el debate bajo palos.
Salvo en tardes accidentadas como la visita del Burgos (donde no tuvo responsabilidad alguna), el brasileño echó el cerrojo para garantizar al menos un punto en cada jornada. Busquen el partido que quieran: Granada, Andorra... en todos dejó una o varias paradas decisivas para sostener al equipo. Incluso en el nefasto 3-0 encajado en Almería fue el mejor de los suyos, deteniendo un penalti que, para su desgracia, mandó repetir el colegiado por invasión de área antes del lanzamiento. Habría que citar casi cada fecha del calendario —como la visita a la Cultural Leonesa, donde dio la cara para evitar un dolor de cabeza mayor, o la victoria en Córdoba—, pues sus intervenciones se tradujeron en puntos de forma recurrente.
Pocas veces el meta paulista salió mal en la foto. Una de ellas fue en la derrota en casa ante el Granada en plena espiral negativa del grupo, pero un fallo puntual —tan ingrato en la demarcación de portero— no ensombrece todo lo construido.
Se rehizo de inmediato y, pese al declive general del equipo, evitó males mayores. Lo demostró en el tropiezo como local frente al Almería, abortando con intervenciones soberbias lo que pudo ser una goleada de escándalo, o en El Plantío, donde el punto cosechado llevó de nuevo su firma. Incluso en jornadas nefastas del colectivo, como la derrota ante el filial de la Real Sociedad, el guardameta sacó las castañas del fuego para que el marcador no fuera aún más sonrojante.
Sin embargo, y contra toda lógica, Garitano dio un golpe de timón en el que sería su último encuentro en el banquillo: en una nueva derrota en casa ante el Zaragoza, acuciado por las urgencias, le relegó a la suplencia en favor de David Gil.
La llegada a la semana siguiente de Sergio González reabrió la incógnita en la portería. El aval sobre el césped de Aznar parecía suficiente, pero el técnico catalán despejó las dudas en Miranda devolviendo la titularidad al madrileño. Como aquel estreno se saldó con victoria —y a pesar de algún error grosero que no tuvo consecuencias—, Sergio mantuvo su decisión
escudándose en la necesidad de experiencia. Al meta brasileño, hasta ese momento el futbolista más entonado de la plantilla, le tocó ver los partidos desde el banquillo.
El ostracismo duró poco. Tras cinco jornadas en las que, salvo el triunfo en Anduva, todo se contaron por derrotas, Aznar recuperó la titularidad en Valladolid para no volver a soltarla. Fue una muestra más de los vaivenes de un equipo a la deriva, pero el paulista continuó ofreciendo un rendimiento notable dentro del descalabro general.
Con la posterior llegada de Idiakez parecía que la situación no variaba, pero el técnico vasco dio el viraje (en solo dos jornadas) que fue seguramente el germen de su prematura despedida del Mirandilla.
El jugador también pecó seguramente de inexperto fuera de los terrenos de juego. Durante ese periodo, el guardameta protagonizó algunas acciones en redes sociales que generaron comentarios entre la afición. Entre ellas, la desaparición de las fotografías relacionadas con el Cádiz de sus perfiles. El hecho tuvo repercusión entre los aficionados y generó críticas hacia el futbolista.
Víctor pidió disculpas públicamente en varias ocasiones por lo ocurrido. Finalmente, el Cádiz decidió apartar al portero de los entrenamientos de pretemporada, una situación que terminó condicionando su continuidad en el club.