Su trayectoria en el Nuevo Mirandilla es la de una permanente contradicción. En su primera campaña tardó en arrancar, pero terminó convertido en el dueño de la medular de Pellegrino, con dos victorias de enorme valor ante Atlético de Madrid y Granada, hasta que una rotura del tendón del aductor lo dejó fuera del tramo decisivo. A partir de ahí, todo fue cuesta abajo: apartado del grupo tras su pelea con Tomás Alarcón, cedido al Chicago Fire, y de vuelta a la plantilla en el mercado de invierno pasado únicamente porque el club no encontró comprador ni ofertas que considerase suficientes.
Ni siquiera su despedida ha estado exenta de sorpresa. Después de que el propio cadismo lo diera por amortizado en repetidas ocasiones, Idiakez lo recuperó como titular en la recta final de la lucha por la permanencia y Celades lo alineó en los dos primeros encuentros de la presente temporada, lo que hacía pensar en una nueva vida amarilla. La llegada de Jandro Orellana, que elevó a 25 el número de fichas profesionales ocupadas, ha terminado precipitando una salida que el club llevaba buscando desde hace dos años.