Jugador totalmente desconocido cuando llega a Cádiz (viene cedido por el Girona sí, pero es que militaba en su filial, en 3RFEF) y que en una temporada horrenda a nivel colectivo, supuso una más de las muchas decepciones individuales de aquella campaña.
Cuando entra en calor, Garitano se encandila de él enseguida. No tanto como para luchar la titularidad a García Pascual, pero sí para entrar en las segundas partes. Eso sí, fue suplente durante casi toda la primera vuelta.
Lo cierto es que sus participaciones, según van pasando las semanas, hacen que pasemos de la ilusión a la decepción. El chico lo intenta y da todo lo que tiene, pero su inmensa envergadura no le da para ser un jugador rápido y desequilibrante, pero es que sorprendentemente, tampoco ofrece otras cualidades como bajar el balón y retenerlo, o imponerse por arriba como la mole que es.
La lesión de García Pascual le abre las puertas de la titularidad en Granada pero su actuación deja muchísimas más dudas que certezas. Y así seguiría ocurriendo en los siguientes partidos. Ni siquiera en los días que Garitano confía en él y lo pone de titular (como en la victoria en Córdoba) demuestra mucho: desespera su lentitud y nulo peligro de cara a puerta.
En la eliminación copera en Murcia marca por fin su primer gol, pero ni fue suficiente para recuperar la eliminatoria, ni era contra un rival de nuestra liga, sino uno de inferior categoría.
El cambio de sistema de Garitano, que empezó a mitad de temporada a jugar con dos delanteros, le benefició enormemente, pasando a ser titular en casi todas las jornadas. Parecía que este cambio le venía de maravilla y que aprovechaba la oportunidad cuando al siguiente partido marcaba contra el Racing, aunque en ese mismo partido
nos dejaba una nueva evidencia de sus clamorosas limitaciones, fallando un gol a puerta vacía.
El delantero toca el cielo el día de la victoria ante el Castellón, en el que marca los dos goles que dan los puntos al cuadro amarillo. Parece que por fin, el cedido por el Girona va a romper y va a convertirse en jugador capital en la parcela ofensiva.
Nada más lejos de la realidad. Cual gaseosa mala, el futbolista enseguida muestra que no hay mucho más que rascar. En Albacete está horroroso (fallando una doble ocasión clarísima que pudo ser el empate), contra el Granada en casa vuelve a marrar remates relativamente sencillos, o de nuevo en la derrota como local contra el Almería (increíble la ocasión que falló con 40 metros de carrera en solitario, intentando una vaselina ridícula y tropezándose consigo mismo al intentar recoger el rechace).
Ante la falta de delanteros con gol, Dawda sigue contando (ahora ya siempre para las segundas partes) para Sergio y luego incluso para Idiakez. Pero cada vez que sale al campo, da más pena. Ni pone el trabajo físico que su envergadura debería dar, ni mucho menos calidad ni goles. Las ocasiones que falla son para desesperarse por completo.
Evidentemente, al terminar la temporada se concluyó la cesión y volvió a su club, sin más.