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Al Cádiz hay que expulsarle a uno para ganarle

21 de diciembre de 2019

Ficha en la web:
Cádiz - Numancia (2019-2020)

Y aún así. Partido que deja sensaciones extremas: frustración por que es imposible explicar este partido sin la cerilla que el árbitro tira a la gasolina, incendiándolo todo (cuando su labor es la contraria) y orgullo, máximo, incontable, de ver como este equipo encerró a un rival que tenía un jugador más y al colegiado entregado a su orgía de tarjetas, aprovechando el estado nervioso de los amarillos. Orgullo máximo, de este equipo que tocó con los dedos el empate.

Tenía el Cádiz el partido ciertamente encarrilado y casi ganado. El Numancia, que nunca había ganado en Carranza, que llevaba una sola victoria como visitante este año, empezó perdiendo arrollado, como otros, por un equipo local ordenado y siguiendo al pie de la letra la partitura que toca cada semana. Con un Perea "on fire", que anotó el 1-0 y que se iba de todo el que se ponía ante sí, parecía que la sentencia era solo cuestión de tiempo.

Hasta que llegó el empate del Numancia, que ya adelantaba que la noche iba a ser rara. Que el Cádiz encaje gol yendo en ventaja ya es raro. Que lo haga a balón parado, casi imposible. Pero que además lo haga en un error de marca tan obsceno, es un suceso paranormal. Cabezazo de un rival, totalmente solo, que solo podía ir para dentro. Por mucho que sean Navidades, no se pueden dar regalos así.

Y todo se habría de desatar poco después del descanso. Salvi sufre un posible penalti, y se cobra luego la justicia por su mano pisando a un rival. Aunque lo hace cayéndose hacia atrás, el ínclito Sagués Oscoz (el de Alcorcón) llama a Avalos Barrera, que lo ve en la pantalla y expulsa al sanluqueño. A partir de ahí, se descose el Cádiz, entre sus errores y los tirones que iba dando el colegiado. Porque poco después de la roja, el Pacha Espino, en su peor actuación como cadista, hace un penalti absurdo (que tuvo de nuevo que indicar el VAR). El Numancia vuelve a no desaprovechar el regalo. 

Con el cabreo nublando la vista, saca el Cádiz de centro y al poco regala el tercero al equipo visitante. Desquiciado totalmente, el equipo local se inmola, ante un árbitro que lejos de nivelar las cosas, se entregaba al placer de la facilidad de mostrar tarjetas al que habla en vez de al que pega. Tormenta perfecta.

Es aquí donde surge el equipo que conocemos. Cervera una vez más acierta con los cambios. Entran Quezada y Querol, que habrían de ser asistente y anotador del 2-3 que los amarillos siguieron buscando, creyendo en sí mismos, pese a que todas las circunstancias estaban en contra. Espoleados por un Carranza que no paraba de animar, los locales se tiraron arriba con todo y encerraron a su rival, a pesar de que jugaba con uno más y la permisividad y alevosía del árbitro. Empezaron a peder tiempo y a jugar atrás, dando lugar al tanto cadista.

Ahí entró el técnico visitante que hizo un cambio clave, metiendo a un segundo delantero, mandando un mensaje a su equipo, para que saliera de la cueva. Gran acierto de Carrión, ya que los sorianos pudieron así ver las autopistas que los gaditanos tenían que dejar atrás irremediablamente. Por una de esas terminaría llegando el definitivo 2-4 que aguaba la fiesta de fin de curso cadista, que aún así recoge su expediente con matrícula de honor.

Tiempo hay ahora por delante de descansar y poner a enfriar este partido y esta lamentable actuación arbitral para seguir pensando en el objetivo, que debe seguir siendo jugar como se hizo hoy tras el 1-3, con el mismo hambre. Imposible no creer que todo es posible cuando se ve esa sangre en los ojos de los nuestros, como si fueran últimos en vez de primeros.

Foto: cadizcf.com